Crecer, hacerse adulto.


O, en otras palabras...


- Aprender a disfrutar de la soledad (o disfrutar de uno mismo).

- Priorizarse en mayor o menor medida.

- Madrugar. Cada vez, más temprano.

- Aceptar que, por mucho que nos indigne, no podemos cambiar muchas de las cosas que nos rodean.

- No ser tan influenciable

- Empezar a darle importancia que merecen algunos aspectos que dejabas de lado durante la adolescencia: alimentación, calidad de la ropa y otros productos, salud, psique...

- Cocinar. Mucho más.

- Entender que hay muchas formas de querer a los demás. No estamos hechos a partir de un molde.

- Comprender que todos tenemos un reloj interno distinto.

- Ver que los cambios vienen cuando uno menos se lo espera. Obligarse o autoinflingirse castigos solo causa más dolor.

- Volver a los clásicos.

- Saber que el amor romántico es una construcción social... y que mola despojarse de él.

- Asimilar que el mundo no es blanco ni negro, está lleno de infinitos grises. Tendríamos que aprender a tejer con más frecuencia puentes entre personas de distinta ideología, sin abandonar los ideales propios.

- Ver que la edad es solo un número. Ser viejo no te hace más sabio. Y ser joven no te hace revolucionario. Las amistades entre personas de diferentes generaciones son muy chulas.

- Aprender a escuchar lo que te pide el cuerpo, y respetarlo por lo que es... no por lo que debería ser.



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